dijous, 11 d’agost de 2016

Recordar para concienciar



Se cumplen cuatro años del incendio forestal  de Torremanzanas. Desde entonces, sólo había pasado por allí una vez, al poco de ocurrir, y al observar el paisaje tan desolador que quedó tras el paso del fuego, decidí no volver a cruzarlo. Quizás por aquello de ojos que no ven, corazón que no siente;  la forma más cobarde que tenemos para no afrontar los problemas y no recordar las cosas que nos pueden hacer daño.
Estos incendios son la culminación, y la prueba más palpable,  del desastre ecológico que supone el abandono de los bosques y su escasa conservación.  Y también de la manera imprudente en que nos seguimos moviendo por el bosque, pues muchos de ellos se provocan accidentalmente. Otra historia son los intencionados, que no es el objeto de este post.
Si además se produce la pérdida de vidas humanas, la tragedia es aún mayor e irreparable. Y en este incendio no hay que olvidar que dos personas perdieron la suya mientras intentaban combatirlo. Que sirvan estas líneas como homenaje a ellos y a los que cada día, siguen vigilando los montes y combaten el fuego, para evitar que se repitan desgracias cómo esta.
Actualmente el paisaje sigue siendo desolador, aunque se hayan  intentado cicatrizar las heridas con la tala de los árboles quemados, la roturación de la tierra y demás actuaciones contempladas en estos casos. Pero la naturaleza tiene sus tiempos, y en el caso de recuperar un bosque, es  tanto el necesario, que para muchos de nosotros es cómo si lo perdiéramos para siempre. Y no sólo hay que enfocarlo desde nuestra perspectiva, sino pensando en las generaciones futuras. Como leí en algún sitio; la tierra no es una herencia de nuestros padres, es un préstamo de nuestros hijos.
Como todo lo malo en esta vida, pensamos que a nosotros no nos va a ocurrir, pero muchos conocéis el lugar del incendio y sabemos lo cerca que estuvo. Con el teleobjetivo de la cámara, lo he querido acercar más. Hasta las mismas faldas de la Sierra de Aitana, para despertar a las conciencias más remisas.
Aportemos nuestro grano de arena y seamos más precavidos que nunca en estos calurosos días de verano, y vigilantes. Recordar el teléfono de emergencias 112.
Por todos ellos; los bosques, los agentes medioambientales y los voluntarios.

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